El Nobel de Paz es para un ginecólogo y una víctima sexual.

05 Oct El Nobel de Paz es para un ginecólogo y una víctima sexual.

El congoleño Denis Mukwege y la exesclava sexual del grupo Estado Islámico Nadia Murad fueron galardonados este viernes con el Premio Nobel de la Paz por “sus esfuerzos para poner fin al uso de la violencia sexual como arma de guerra”.

Ginecólogo y víctima, respectivamente, Denis Mukwege y Nadia Murad encarnan una causa planetaria que supera el marco de los conflictos, como evidencia la ola planetaria #MeToo desatada hace exactamente un año por unas revelaciones de prensa.

“Denis Mukwege y Nadia Murad arriesgaron ambos personalmente su vida luchando valientemente contra los crímenes de guerra y pidiendo justicia para las víctimas”, indicó la presidenta del Comité Nobel, Berit Reiss-Andersen.

Un mundo más pacífico solo se puede lograr si las mujeres, su seguridad y derechos fundamentales son reconocidos y preservados en tiempos de guerra”, agregó.

Los nombres de Denis Mukwege, ginecólogo que cura a mujeres violadas en República Democrática del Congo (RDC), y de la yazidí Nadia Murad, exesclava de los yihadistas del EI y activista, ya figuraban entre los favoritos al Nobel de la Paz de este año.

El médico de las mujeres violadas

Denis Mukwege nació en marzo de 1955 en Bukavu, en lo que antes era el Congo belga. Es el tercero de nueve hijos. Después de cursar estudios de medicina en el vecino Burundi, regresó a su país para ejercer en el hospital de Lemera, en Kivu del Sur.

Fue entonces cuando descubrió el dolor de las mujeres que por falta de cuidados sufren graves lesiones genitales posparto que las condenan a una incontinencia permanente.

Se especializó en ginecología y obstetricia en Francia. Volvió a Lemera en 1989, al servicio de ginecología del hospital, un centro que quedó en ruinas cuando estalló la primera guerra del Congo en 1996.

En 1999 el doctor Mukwege creó el hospital de Panzi. Lo concibió para permitir a las mujeres dar a luz en condiciones óptimas. En poco tiempo el centro se convirtió en una clínica de tratamiento de las violaciones debido al horror de la segunda guerra del Congo (1998-2003), durante la que se cometieron numerosas violaciones masivas.

Esta “guerra contra el cuerpo de las mujeres”, como recuerda el médico, continúa por la presencia de milicias en zonas del norte y del sur de Kivu.

El cirujano tiene manos prodigiosas. Lo llaman el “doctor milagro” porque gracias a él muchas mujeres han podido recuperarse. En 2015 obtuvo el grado de profesor de la universidad libre de Bruselas, donde defendió su tesis sobre el tratamiento de las “fístulas traumáticas urogenitales”.

Su labor le ha valido recompensas en Europa, Estados Unidos y Asia.

Este defensor de la dignidad humana desborda de energía, y en 2014 fundó un movimiento feminista masculino, V-Men Congo.

Y es imagen de una campaña mundial que incita a las grandes multinacionales a controlar sus cadenas de aprovisionamiento para asegurarse de que no compran “minerales de sangre”, que contribuyen a alimentar la violencia en el este del Congo.

Desde 2015, su país atraviesa una crisis política salpicada de violencia. También lo condena. “El hombre que repara las mujeres”, como describe un documental sobre su combate, ha denunciado “el clima de opresión […] y la restricción del espacio de las libertades fundamentales”.

A aquellos que piensen que tiene aspiraciones políticas, les dice que lo único que le importa son sus pacientes pero que no se crean que renunciará a la libertad de expresión.

Nadia Murad, de esclava sexual a Nobel

Con tan solo 25 años, Nadia Murad, ha sobrevivido a los peores horrores infligidos por el Estado Islámico a su pueblo, los yazidíes de Irak, y se ha convertido en un ícono de esta comunidad amenazada.

Esta joven iraquí de rostro pálido y voz aterciopelada podría haber tenido una vida apacible en su pueblo natal, Kosho, cerca del bastión yazidí de Sinjar, una zona montañosa entre Irak y Siria.

Pero el rápido ascenso del grupo yihadista Estado Islámico (EI) en 2014 cambió su destino.

En agosto de 2014 fue raptada y conducida a la fuerza a Mosul, bastión del EI reconquistado hace más de un año. Fue el principio de un calvario de varios meses: torturada, dijo haber sido víctima de múltiples violaciones colectivas antes de ser vendida varias veces como esclava sexual.

Incluso hoy, Nadia Murad –al igual que su amiga Lamiya Aji Bashar, con la que ganó el Premio Sájarov del Parlamento Europeo en 2016– repite sin cesar que más de 3.000 yazidíes siguen desaparecidas y que probablemente siguen aún en cautiverio.

Los yihadistas quisieron “robarnos nuestro honor pero perdieron su honor”, había afirmado ante los eurodiputados Murad, quien fue nombrada embajadora de buena voluntad de la ONU y lucha en favor de la protección de las víctimas del tráfico de personas.

Además de sufrir torturas y violaciones, Murad tuvo que renunciar a su fe yazidí, una religión ancestral despreciada por el EI, practicada por medio millón de personas en el Kurdistán iraquí.

“Lo primero que hicieron fue forzarnos a convertirnos al islam. Después hicieron lo que quisieron”, relató Nadia a la AFP en 2016.

Al igual que miles de otras yazidíes, fue obligada a “casarse” con un yihadista que la golpeaba, contó en un conmovedor discurso ante el Consejo de Seguridad de la ONU en Nueva York.

“Incapaz de soportar tantas violaciones” decidió escapar. Gracias a la ayuda de una familia musulmana de Mosul, Nadia obtuvo documentos de identidad que le permitieron llegar hasta el Kurdistán iraquí.

Tras la fuga, la joven –que dijo haber perdido seis hermanos y su madre en el conflicto– vivió en un campo de refugiados en Kurdistán, donde tomó contacto con una organización de ayuda a los yazidíes. Esta le permitió reunirse con su hermana en Alemania.

Es en ese país, en el que reside, donde se convirtió en una respetada portavoz de su pueblo, que antes de 2014 contaba con 550.000 miembros en Irak. Hoy, casi 100.000 han abandonado el país y otros están desplazados en el Kurdistán.

Murad, que lidera “el combate de (su) pueblo”, según sus palabras, logró que se reconocieran como genocidio las persecuciones cometidas en 2014. El Consejo de Seguridad de la ONU se ha comprometido también a ayudar a Irak a reunir pruebas de los crímenes del EI.

Su “combate” le ha reservado también algunas buenas sorpresas. El 20 de agosto, la joven anunció en Twitter que se casará con otro activista de la causa yazidí, Abid Shamdeen.

“El combate a favor de nuestro pueblo nos ha unido y seguiremos ese camino juntos”, escribió.

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