Especial: Recordando La Posada Alemana, parte II

31 Oct Especial: Recordando La Posada Alemana, parte II

Recuerdos de un empleado de La Posada

Raúl Tiberio Forero Cortés es un reportero gráfico quindiano, fue empleado durante dos años de La Posada Alemana.

Cuando fue convocado en el año de 1982, ya hacía seis meses que había personal trabajando en un hotel prácticamente terminado. En el Quindío no había mano de obra calificada para un centro turístico de tal magnitud. Necesitaban camareras, personal de vigilancia, saloneros, cajeros, barman, auxiliares de bar, personal de cocina. “Fuimos muchos los que aplicamos, miles de personas llegaron hasta Salento cuando se corrió la voz de que se iba a abrir un hotel y necesitaban personal. Yo era muy joven, acababa de salir del colegio. Fui parte de las 220 personas seleccionadas. Eso fue entre abril y junio del año 1982. El 20 de julio recuerdo que me llamaron a mi casa para que comenzara al lunes siguiente las 8:00 a. m. en punto”, relató.

Forero Cortés contó que esta fue su primera experiencia laboral y que estaba sorprendido con las prestaciones y los lujos del lugar.

“Cuando llegué al hotel lo primero que nos dicen es que nos van a dar un curso de bar y mesa avalado y dictado por personal del Sena. En ese momento, el Sena regional Quindío no tenía esa especialidad, los instructores venían de otra ciudad. La capacitación duró ocho semanas para algunos y diez semanas para el personal de cocina. De 8:00 a. m. a 12:00 m. y de 2:00 a 6:00 p. m. Allí nos alimentaban. A partir del tercer y cuarto día nos daban transporte, el hotel tenía unos buses propios. Ya cuando terminamos el curso, de los 220 aspirantes se necesitaban solamente 70 personas”.

También dijo que durante el curso Lehder hizo varias fiestas en las que probó el personal. “No fui convocado nunca a eso. Gracias a Dios porque la gran mayoría de personas que iban no fueron llamados a trabajar para el hotel. Como esos eventos eran tan boyantes, los meseros acostumbraban a tomar cositas que no debían. Cada reunión era grabada por Carlos con un equipo de filmación que tenía contratado”.

El reportero aseveró que al iniciar nadie tenía idea de que el dueño del lugar era un narco. A Lehder no le gustaba ser reconocido por el personal de su hotel. “Carlos Lehder viene al Quindío con mentalidad de empresario. Yo tenía 19 años para la época, La Posada fue mi primer empleo formal. Sobre el historial del dueño no tenía conocimiento alguno”.

 

“Nosotros no lo conocíamos como ‘El Loco’ ni nada de eso. Nos referíamos a él como ‘El Peludo’. Oír ese apodo era la alerta para estar preparados para la llegada del jefe. El tipo tenía la característica que llegaba de la nada, sentíamos su presencia cuando ya estaba ahí”.

“Las fiestas de Lehder eran cosas sanas, se trataba de compartir. Hubo reuniones en algunas ocasiones que empezaban a las 4:00 p. m. y duraban solamente hasta las 11:00 o 12:00 de la noche”.

Raúl Tiberio manifestó que tiene muchos recuerdos particulares de su tiempo trabajando en La Posada.

Uno de estos es de la discoteca John Lennon, donde se realizaban fiestas abiertas al público. Allí había un esquema de seguridad para los visitantes. “Carlos no permitía el consumo de cocaína ni de bazuco. Se sacaban del hotel las personas si eran sorprendidas metiendo en el baño. El consumo de marihuana sí estaba permitido, pero afuera de la discoteca. La diversión era, medianamente, sana. Solo consumo de licor y en ese entonces era normal que se fumaran cigarrillos en exceso en interiores. En la discoteca siempre trabajaban cuatro mujeres con atuendos como los de las conejitas de Playboy, eran las meseras. Iban vestidas con una trusa o un vestido de baño, se les veían las piernas y sus cuerpos esculturales. En apoyo a las niñas siempre había un salonero. Yo ocupé ese puesto por un mes”.

Las fiestas de Lehder eran cosas sanas, se trataba de compartir. En las que yo participé fueron reuniones sociales más que todo. Me daba la impresión que le gustaba poco trasnochar. Hubo reuniones en algunas ocasiones que empezaban a las 4:00 p. m. y duraban solamente hasta las 11:00 o 12:00 de la noche”.

“Como esos eventos eran tan boyantes, los meseros acostumbraban a tomar cositas que no debían. Cada reunión era grabada por Carlos con un equipo de filmación que tenía contratado”.

Forero recordó también que el clan Ochoa, reconocida familia en el mundo de narcotráfico, eran clientes frecuentes del hotel. “Los atendíamos cada ocho días en el restaurante. Venía toda la familia. Ahí vi a Jorge Luis Ochoa, a Martha Nieves, a Fabio padre e hijo y a Juan David. Siempre se desplazaban por helicóptero. Tengo el recuerdo de una explanada en frente de La Posada pasando la vía que se utilizaba como helipuerto. Hasta donde se, en ese lugar se tenía pensado hacer una urbanización, no para vender sino para los empleados”.

A mi me tocó en una ocasión atender a Lehder en el restaurante, estaba reunido con sus pilotos. Cuando se pararon todos, yo voy a recoger la mesa y cuando menos pienso en la parte de atrás, donde él estaba, había un maletín ejecutivo tirado que no cerraba porque estaba lleno de dólares. Yo vi eso me asusté. La reacción mía fue coger el maletín e ir tras de Lehder. No alcancé a salir y vi que él ya se estaba devolviendo”.

Anécdotas del jefe de servicios generales

Luis Fernando Londoño es el director del Museo Gráfico y Audiovisual del Quindío ubicado en Calarcá. Durante 1980 fue el jefe de servicios generales de las propiedades de Carlos Lehder. “Me tocó el proceso de la construcción de La Posada Alemana. La inauguraron el 8 de diciembre de 1981 en el aniversario de la muerte de John Lennon”.

Londoño recordó que en 1978 se inició la construcción. “Yo conocí a Carlos Lehder antes de la inauguración de la estatua de Lennon”.

Mi trabajo siempre ha sido la electrónica y la especialización en sonido. Luis Rivas, tío de Lehder, me fue a buscar en el taller de electrónica que yo tenía en Calarcá. Tenían un problema con un reproductor de VHS que tenían en una finca. Yo no tenía ni idea quién era Carlos, en ese momento apenas se estaba dando a conocer en el departamento y se pensaba que era un gran inversionista. Nunca se hablaba de los dineros calientes”.

“A raíz del éxito que tuve con esa reparación, Lehder me dijo que si yo le podía servir de interventor en la obra que estaban haciendo de la discoteca de La Posada Alemana. Me pintó en un papel como debería quedar y efectivamente se hizo lo que él quería”.

“Yo no tenía ni idea quién era Carlos, en ese momento apenas se estaba dando a conocer en el departamento y se pensaba que era un gran inversionista. Nunca se hablaba de los dineros calientes”

“Cuando yo llegué, la discoteca estaba en obra negra totalmente. Me tocó irme a vivir a La Posada porque él quería que la inauguración fuera el 8 de diciembre y yo comencé aproximadamente en octubre. Tuve que conseguir electricistas, carpinteros y todo tipo de personal con turnos de 24 horas para poder tener la discoteca lista a tiempo”.

Yo estuve cerca de 4 años trabajando ahí”, recordó Luis Fernando. Además relató que “en la inauguración de La Posada, el obispo del Quindío, Libardo Ramírez Gómez, se rehusó a hacer la ceremonia porque decía que ese lugar era producto de dineros calientes. En su lugar estuvo Darío Castrillón Hoyos, Después de que Londoño entregó la discoteca fue contratado como jefe de servicios generales de varios predios de Lehder. La Posada Alemana hacía parte de Cebú Quindío, una organización que reunía propiedades de Carlos Lehder como las fincas La Aurora, El Silencio, Pisamal, Bello Horizonte y San Julián.

“Yo no tenía que ver sino con la parte de manejar personal y de servicios generales. Sus negocios en el narcotráfico no los conocí, él era muy independiente”.

El hotel alcanzó a tener muchos huéspedes durante sus años de funcionamiento, Londoño afirmó que a esto se le debe el impulso turístico de Salento. “Por ejemplo la Organización Mundial de la Salud se reunió en La Posada. Hubo muchas convenciones y como no había nada atractivo para llevar a los turistas, pues en la época la región aún no había explorado su potencial turístico, el valle de Cocora resultó ser el lugar ideal. Se empezó a regar el cuento de que en el Quindío había un valle muy hermoso cerca de un gran hotel. Ahí comenzó a moverse el flujo de visitantes que ya no tiene freno en Salento”.

Grandes personalidades del mundo del espectáculo visitaron el lugar. Londoño recordó “por allá estuvo el ballet travesti de Óscar Ochoa, artistas de talla nacional como Fausto, Elenita Vargas ,el grupo Génesis, Rafael Urraza, entre otros. Todos iban a presentarse en la discoteca John Lennon”.

El hotel duró aproximadamente seis años operando. Lehder no permanecía allí, Londoño aseguró que casi no se le veía.

Después de la orden de captura, Lehder estuvo escondido cerca de dos años, Londoño Aseveró que eso marcó el fin de La Posada. “Comienzan los allanamientos y eso marcó mi salida. En 1985 La Posada se fue a pique. La Policía llegó y decomisó lo que más pudo. Lo demás fue saqueado”.

El lugar fue confiscado como medida cautelar durante el proceso contra el narcotraficante. Actualmente se encuentra en ruinas. Todo el potencial turístico del lugar ha sido desperdiciado por décadas de abandono.

 “Se empezó a regar el cuento de que en el Quindío había un valle muy hermoso cerca de un gran hotel. Ahí comenzó a moverse el flujo de visitantes que ya no tiene freno en Salento”.

La Nueva Posada Alemana

En inmediaciones al sitio original se abrió recientemente la Nueva Posada Alemana. Se trata de un hotel con capacidad para 80 personas y un restaurante abierto de 7:00 de la mañana a 8:00 de la noche. Es una apuesta de una pareja, el bumangués Wilson Rubiano, empresario del sector transporte en Bogotá; y su esposa Liliana Quintero, quien es oriunda de Salento.

El lugar está constituido en parte por edificaciones que ya estaban allí, como la casa que Carlos Lehder le construyó a su madre, y otras totalmente nuevas. Prestará todos los servicios que los turistas puedan requerir. El establecimiento está ubicado en la autopista del Café, en el sentido que de la entrada a Filandia conduce a Armenia.

Extinción de dominio

La Posada Alemana se ubica a un costado de la autopista del Café, cerca al desvío que hay que tomar para ir a Salento. El folio de matrícula inmobiliaria del predio donde están ubicadas las estructuras principales de La Posada como la entrada, las cabañas, el centro de eventos, el restaurante y la discoteca muestra que ese lugar solía ser parte de una gran finca llamada Alsacia. En el mismo folio se muestra que el 25 de julio de 1980 Cebú Quindío, la organización de Carlos Lehder, compró el terreno a un hombre llamado José Gildardo Loaiza Gaviria.

Posteriormente Cebú realizó tres ventas de lotes que eran parte del mismo terreno el 19 agosto de 1981, a tres personas distintas, y otra el 4 de noviembre del mismo año, a Inversiones San Julián Limitada.

El documento también muestra que el 21 de octubre de 1981 Cebú vendió dos lotes de 24 y seis hectáreas a Posada Alemana Limitada. El folio de matrícula de la Alsacia sigue activo, lo que aparentemente significa que todavía una porción de tierra no ha sido vendida.

A los dos terrenos pertenecientes a Posada Alemana Limitada se les aplicó una medida cautelar por medio de una resolución del 25 de abril de 2001, quedando a disposición de la Dirección Nacional de Estupefacientes.

Los folios de Matrícula Inmobiliaria de estos dos lotes muestran una última anotación con fecha del 15 de junio de este año en donde se confirma la sentencia de extinción de dominio en ambos casos. Los predios quedaron en manos del Fondo para la Rehabilitación, Inversión Social y Lucha Contra el Crimen Organizado.

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