Hombre de 38 años fue asesinado en el barrio Llanitos de Guaralá de Calarcá

26 Abr Hombre de 38 años fue asesinado en el barrio Llanitos de Guaralá de Calarcá

Las balas le frustraron a Julián Andrés Marín el anhelo de abrazar de nuevo a su hija. El hecho se registró a las 11:00 p. m. del jueves.

Marín laboraba en fincas de los corregimientos de Quebrada Negra y La Virginia, aseveró su padre.

Ese gran anhelo que Julián Andrés Marín Muñoz tenía de reconciliarse con su hija, de 18 años, no lo pudo hacer realidad. A las 11:00 de la noche del jueves delincuentes acabaron con su vida.

El hecho de sangre ocurrió en una calle del barrio Llanitos de Guaralá de Calarcá. Edalver Marin, padre de la víctima, relató que a la mencionada hora dormía, pero fuertes detonaciones en el sector lo despertaron. De repente un vecino llegó agitado y alarmado a su casa y le contó su hijo, de 38 años, acababa de ser baleado.

El padre junto con otro hijo corrieron a la escena de los hechos y allí encontraron a su ser querido moribundo. Según la Policía, tenía un disparo en el tobillo y hombro derecho, también lo impactaron en la cabeza. En el sitio estaba una patrulla de la Policía en la que lo trasladaron al hospital La Misericordía de la Villa del Cacique.

Los médicos lo estabilizaron, pero por la gravedad de las lesiones ordenaron remitirlo de urgencia al hospital San Juan de Dios de Armenia. Allí los especialistas de la salud hicieron todos los esfuerzos que tuvieron a su alcance para reanimarlo, pero a la 1:20 de la madrugada Edalver y su otro descendiente recibieron la trágica noticia de que Marín Muñoz no había logrado sobreponerse al ataque porque las balas cumplieron su objetivo de segarle la existencia.

Una allegada de la víctima aseguró que un proyectil le desfiguró el rostro. Los médicos les advirtieron a los dolientes que si Marín Muñoz quedaba vivo podría pasar el resto de su vida cuadrapléjico.

En medio de lágrimas, a los dolientes no les quedó más opción que esperar la llegada de los agentes de la Seccional de Investigación Criminal, Sijín, de la Policía. Ellos inspeccionaron el cadáver y también estuvieron en la escena del crimen, donde recopilaron pruebas y testimonios con el propósito de establecer las causas de este homicidio e identificar a los responsables para detenerlos.

Se rebuscaba la vida como todero

En medio del dolor por la tragedia que lo embargaba, Edalver reveló que el hecho lo cogió por sorpresa porque su hijo era muy reservado y nunca le habló de problemas ni de enemigos. Aunque aseguró no conocer las causas del asesinato, solo le pidió a las autoridades que hagan justicia capturando al responsable.

El progenitor rememoró que la víctima solo hizo hasta tercero de primaria, pero “era un berraco para trabajar”. Describió a su hijo como un todero que laboraba en fincas de los corregimientos de Quebrada Negra y La Virginia. Para ganarse la vida también se le medía a arreglar jardínes, hacer trasteos y botar escombros.

La última vez que Edalver lo vio laborando fue el pasado miércoles, cuando llegó a descansar proveniente de una finca. Además lo recordó como un ser muy alegre y amigable, pese a lo callado. La víctima era el mayor de cuatro hermanos que hoy también lamentan su violenta partida de este mundo, contó el padre.

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